La percepción humana no es un registro objetivo del mundo. El cerebro recibe información incompleta, la compara con
experiencias anteriores y genera hipótesis sobre aquello que está frente a nosotros. Antes de reconocer una forma, ya
estamos interpretándola. Antes de comprenderla, nuestra mente ha comenzado a construirla.
En este sentido, ver implica también imaginar.
Las imágenes de “Latencias de la razón” se sitúan en ese intervalo: el momento anterior a la certeza. Un espacio donde
distintas interpretaciones permanecen activas y donde la realidad todavía no ha sido reducida a una sola posibilidad.
La abstracción funciona aquí como una estrategia para revelar los límites de la percepción. Al eliminar referencias
evidentes, la fotografía obliga al espectador a enfrentarse con sus propios mecanismos de interpretación. La obra deja
de preguntarle “¿qué estás viendo?” para plantearle una cuestión más incómoda:
¿por qué necesitas decidir qué estás viendo?
La razón intenta cerrar las ambigüedades. Nombrar tranquiliza. Clasificar produce una sensación de control. Sin
embargo, aquello que permanece sin nombre también forma parte de la realidad.
Estas fotografías buscan permanecer en ese estado de indeterminación. No pretenden ofrecer respuestas, sino hacer
visible el proceso mediante el cual fabricamos certezas.
“Latencias de la razón” propone entender la percepción como un territorio donde conviven información, memoria,
intuición, experiencia y ficción. Un territorio en el que la realidad no aparece como algo completamente dado, sino
como algo que nuestra conciencia construye continuamente.
Quizá la dificultad para ver la realidad no radique en que nuestros sentidos sean insuficientes, sino en que nuestra
razón interviene demasiado pronto.
Antes de que podamos mirar el mundo, ya estamos tratando de explicarlo.
Y entre aquello que realmente existe y aquello que creemos ver, permanece una zona invisible: la latencia de nuestra
propia razón.
experiencias anteriores y genera hipótesis sobre aquello que está frente a nosotros. Antes de reconocer una forma, ya
estamos interpretándola. Antes de comprenderla, nuestra mente ha comenzado a construirla.
En este sentido, ver implica también imaginar.
Las imágenes de “Latencias de la razón” se sitúan en ese intervalo: el momento anterior a la certeza. Un espacio donde
distintas interpretaciones permanecen activas y donde la realidad todavía no ha sido reducida a una sola posibilidad.
La abstracción funciona aquí como una estrategia para revelar los límites de la percepción. Al eliminar referencias
evidentes, la fotografía obliga al espectador a enfrentarse con sus propios mecanismos de interpretación. La obra deja
de preguntarle “¿qué estás viendo?” para plantearle una cuestión más incómoda:
¿por qué necesitas decidir qué estás viendo?
La razón intenta cerrar las ambigüedades. Nombrar tranquiliza. Clasificar produce una sensación de control. Sin
embargo, aquello que permanece sin nombre también forma parte de la realidad.
Estas fotografías buscan permanecer en ese estado de indeterminación. No pretenden ofrecer respuestas, sino hacer
visible el proceso mediante el cual fabricamos certezas.
“Latencias de la razón” propone entender la percepción como un territorio donde conviven información, memoria,
intuición, experiencia y ficción. Un territorio en el que la realidad no aparece como algo completamente dado, sino
como algo que nuestra conciencia construye continuamente.
Quizá la dificultad para ver la realidad no radique en que nuestros sentidos sean insuficientes, sino en que nuestra
razón interviene demasiado pronto.
Antes de que podamos mirar el mundo, ya estamos tratando de explicarlo.
Y entre aquello que realmente existe y aquello que creemos ver, permanece una zona invisible: la latencia de nuestra
propia razón.